Dame un minuto y te daré un alma inquebrantable
El principio para manifestar tus deseos
Por Wilbert Estrada
Dame un poco de tu tiempo y borraré tu debilidad.
No porque te motive, no porque te llene
los oídos de inspiración vacía, sino porque verás lo que has estado llamando
debilidad por lo que realmente es: una ilusión, una narrativa, un sistema de
mentiras que te has dicho tantas veces que has confundido con tu personalidad.
Y si estás dispuesto a escuchar con
atención, si estás dispuesto a soportar la incomodidad y dejar que tu
verdadero yo interior les hable a las partes de ti que has mantenido
ocultas.
Entonces manifestaras tus deseos,
entonces algo en ti se romperá por dentro, y lo que lo reemplace no será una
mejor versión de ti. Será la versión que siempre estuvo ahí, enterrada bajo la
debilidad, esperando el momento en que dejaras de protegerla.
Seamos claros, tu yo interior no cree en
consolar a los débiles. No escribió para los frágiles, ni para los sensibles,
ni para los eternamente ansiosos. Escribió para quienes están listos
para enfrentar la violencia de la vida con los ojos bien abiertos, para quienes
están cansados de mentirse a sí mismos, para quienes se dieron cuenta de que
nada los salvaría y finalmente decidieron dejar de esperar.
Y si has llegado a ese punto, si estas ya
asqueado del miedo, la pasividad, las disculpas, la inflación emocional que te
ha ablandado hasta la invisibilidad, entonces este es tu comienzo, tu
transformación, tu regreso, porque la fuerza nunca estuvo fuera de ti.
Simplemente estaba enterrada bajo capas de
inseguridad, entretenimiento social y la adicción a la comodidad. Así que
comencemos con una pregunta:
¿Qué significa ser débil?
La mayoría de la gente piensa que la
debilidad es llorar demasiado, ser físicamente pequeño o carecer de disciplina,
pero tu yo interior diría lo contrario.
La debilidad no es expresión emocional. La
debilidad es sumisión emocional. La debilidad es necesitar permiso. La
debilidad es delegar tu validación a personas que ni siquiera se entienden a sí
mismas. La debilidad es no expresar lo que verdaderamente quieres para
complacer a los demás.
La debilidad es mentir sobre lo que
quieres solo para evitar ser juzgado. La debilidad es llamar humildad a tu
pereza, a tu baja estima, a tu miedo, y tener empatía hacia tu
inseguridad. La debilidad no es la ausencia de fuerza, sino más bien tu
negatividad a ser fuerte. Es la presencia de la auto traición.
Y aquí está la cruda verdad: El
mundo moderno está diseñado para debilitarte.
Tu educación te enseñó a obedecer. Tu
cultura te enseñó a conformarte. Los medios de comunicación te alimentan con
una impotencia disfrazada de consciencia. E incluso quienes dicen amarte,
muchos se benefician de tu dulzura, tu silencio, tu vacilación.
Elogian tu altruismo. Recompensan tu
pasividad. Aplauden tu moderación. No porque sea bueno para ti, sino porque te
mantiene pequeño, predecible, dependiente, y lo peor de todo, olvidable.
Tu verdadero yo interior lo ha visto todo.
Ha visto cómo la sociedad te moldea en una versión domesticada de ti mismo. Una
sociedad que ha establecido que el individuo tiene que luchar incansablemente
para venir a ser un simple peón. No se refería a una lucha física, sino
psicológica.
La lucha por mantenerse fiel a los
instintos cuando la sociedad exige neutralizarlos.
La lucha por seguir siendo peligroso, no
violento, no caótico, sino peligroso en un mundo que te quiere educado,
refinado y obediente. Así que el primer paso para borrar tu debilidad es
comprender que te han entrenado para confundir la debilidad con la bondad.
Que te han entrenado a creer que decir
“no” es de mala educación. Que imponer tus límites es egoísta. Que elegirte a
ti mismo es narcisismo.
Pero tu yo interior le da la vuelta a eso
por completo y dice que la verdadera fuerza, la que te hace magnético,
respetado, recordado, proviene del rechazo al pensamiento colectivo, del
rechazo a la “seguridad” que te han impuesto para ser un simple asalariado, del
rechazo a la necesidad de ser querido.
A propósito, déjame preguntarte: ¿Quién
eres sin la necesidad de ser querido?
No hipotéticamente, en realidad. Quítate
el filtro. Deja de editarte. Si nadie necesitara que fueras amable, agradable,
humilde, pasivo, ¿Quién serías?
¿Qué dirías? ¿Qué exigirías? ¿De qué te
alejarías?
La mayoría de la gente no puede responder
a eso porque ha construido toda su identidad en reacciones, en
retroalimentación. No tienen un yo. Tienen una máscara. Una
personalidad esculpida para encajar, para sobrevivir.
Pero tu verdadero yo interior odia eso. Lo
ve como la muerte del espíritu humano.
Porque en el momento en que dejas
de ser peligroso, en el momento en que empiezas a filtrar tu verdad para
encajar en un sistema, ya has cedido tu poder. Pero ya lo sientes,
¿verdad?
Ese desgaste silencioso, esa frustración latente, esa fatiga que no desaparece con el sueño.
Porque no has aprendido a que te valga el ruido de la gente, a resbale el qué dirán, y te encierras en una jaula de temores que están arraigados en el rechazo, en tu pasado, en la nada.
Porque eso es tu pasado: ¡Nada!
Porque el pasado está solo en tu mente, y ya no existe, pero sigues hechizado en su encanto, hipnotizado bajo su poder. Un poder que te ha llevado a la baja autoestima y al desgaste emocional. Un poder que tu mismo has permitido y aceptado en tu presente como una verdad.
Y eso no es agotamiento emocional. Es el
precio de tu debilidad.
El precio de vivir de una manera que
silencia tus instintos más profundos solo para mantener la superficie lisa. Así
que esto es lo que tu yo interno te diría ahora mismo:
No naciste para ser blando. No naciste
para ser tolerante con todo. No naciste para rendirte cada vez que alguien
levanta una ceja. Naciste para encarnar algo más agudo, algo primordial, no
caótico, sino inquebrantable, no imprudente, sino intocable.
Y la razón por la que te sientes débil es
porque has negado esa parte de ti durante tanto tiempo. Has empezado a creer
que nunca existió. Pero sí existió, y existe en ti. Y vamos a
desenterrarla ahora mismo, si es que quieres manifestar todos tus
deseos. Si
no, puedes seguir tu camino.
Hablemos de tus hábitos. Porque la
debilidad reside en tu rutina, en sutiles rituales diarios que poco a poco
forjaron tu fuerza de voluntad mientras te convencían de que lo estás haciendo
bien.
Pero tu yo interno dice: “Quien no puede
obedecerse a sí mismo recibirá órdenes”.
Te despiertas y revisas tu teléfono. Ya
has perdido todo el control.
No porque los teléfonos sean malos, sino
porque no reclamaste el día. Lo entregaste. Desplazas la vista, comparas,
envidias. Y luego racionalizas. Te preguntas porque tuviste un mal día. Porque
tu vida es insignificante.
Porque reaccionaste a una mentira y no
manifestaste tu deseo ya cumplido.
Dices que es inofensivo. Pero cada vez que
reaccionas antes de crear, debilitas el músculo de la soberanía. Te vuelves
emocionalmente flácido, sumiso. Pierdes agudeza. Pierdes control. Así que
cambiemos eso, si puedes, si eres valiente… peligroso.
Empieza a ser dueño de tus mañanas. Antes
de mirar una pantalla, cuida tu postura. Cuida tu respiración. Recuerda que no
eres un consumidor de mentiras vacías, ante todo. De basura virtual. Eres un
creador. Un constructor. Un estratega.
Y tu energía no está disponible para los
algoritmos en cuanto abres los ojos, en cuanto llegar de trabajar, al sentir la
necesidad de ser alguien. Porque lo que consumes con tus ojos, pensando que es
entretenimiento, eso serás.
Reemplaza esa urgencia de ser alguien con
energía constructiva. Con mensajes que te lleven hacia adelante y no hacia
atrás. Si has de tener sed y hambre de algo, que sea de ser intocable,
inquebrantable.
Porque no manifiestas lo que
quieres, manifiestas lo que eres.
Luego, el habla. La debilidad se refleja
en tus palabras. Y en cómo te suavizas para que la gente se sienta cómoda. Y en
cómo hablas suavemente para que no se sientan amenazados. Y en cómo dices:
"Cuando tú quieras". Y en cómo te disculpas por cosas que no
requieren disculpa.
Estás perdiendo poder. Y lo notan. Por
eso no te escuchan.
Por eso te ignoran. Por eso te subestiman.
Pero tu verdadero yo no susurra. Escribe con fuego en sus ojos, y espera que tú
hagas lo mismo. No para ser ruidoso, sino para ser claro. Para ser poderoso.
La claridad es fuerza. La claridad hace
que la gente se detenga. Los hace inclinarse.
Y si tu presencia aún no lo hace, entonces
tienes trabajo que hacer. No porque estés roto, sino porque te has estado
escondiendo en tu jaula de temores.
Deja de esconderte. Acepta tus opiniones.
Dilas con claridad. No las expliques. Deja que el silencio después de hablar
tenga peso. La mayoría de la gente le teme al silencio. Tú no. Porque el
silencio significa tensión. Y la tensión es la forma de ganarse el respeto.
Entonces sean tus palabras pocas, tu
silencio abundante, y serás intocable.
Ahora hablemos de la emoción. Crees que la
fuerza significa no sentir nada. Eso está mal. Eso es disfunción. Tu verdadero
yo interno, el que esta dormido, no te enseñó entumecimiento emocional. Te
enseñó dominio emocional.
Eso significa que puedes sentirlo todo. Y
aun así elegir tu acción. No reaccionas. Respondes.
Cuando alguien te falta al respeto, no
explotas. No persigues. No te defiendes. Simplemente miras fijamente. Esperas.
Y cuando te mueves, es calculado. Es preciso. Es quirúrgico. Entonces darás
paso a sacar de tu vida a quien estorba, y abrirás el camino a quien te valora.
Entonces manifestaras a las personas correctas que te rodean, y con ellas, un
mundo diferente.
Entonces comprenderás que la manifestación
se trata de un cambio radical. De un mundo interno diferente.
La debilidad es emoción sin consciencia.
La fuerza es emoción bajo control. Así que deja de decir: «Solo soy una persona
emocional». Simplemente eres indisciplinado. Y la disciplina no es fría. Es
limpia. Es precisa. Es la diferencia entre llorar en una crisis nerviosa y
llorar con un propósito.
Lo primero te convierte en víctima. Lo
segundo te hace humano. Pero en un mundo diferente dejas de contar tu historia
como una tragedia. Dejas de recitar tus traumas de la infancia como identidad.
Dejas de convertir tu dolor en una celda
para sentir seguridad. Empiezas a transmutarlo en acero y a entender que el
pasado es inexistente, irrelevante.
Porque esta es la verdad: Tu pasado existe
únicamente en tu mente.
Entonces eres preso de un fantasma. Y tu
herida no es más que una simple pesadilla de la cual te reúsas a despertar. Entonces
ya no eres víctima, ni de la sociedad, ni de las circunstancias. Eres victima
del placer que te causa el ser débil, frágil, desechable.
Porque estas tan acostumbrado al dolor que
se ha vuelto en un placer en tu mente. Un placer psicológico, enfermizo, casi diabólico,
casi indecible. Tanto que, si alguien te muestra el camino a la felicidad, lo
rechazas.
Y buscas tu libertad en una fuerza que se
esconde en tu temor. En una barrera que crees que te protege de una herida
inexistente, ficticia.
Pero aquí está el secreto que aun no entiendes.
Esa barrera que con tanto empeño has levantado para protegerte, lo que bloquea
es la manifestación de tu felicidad. Le cortas el impulso a quienes
llegan a tu vida con rosas, y los recibes con espinas.
Te quedas estancado en un empleo que te
hace miserable, porque ahí te sientes seguro. Le pones trabas a las
oportunidades que llegan a tu vida porque miras hacia atrás, a un pasado inexistentes,
que has aceptado como tu realidad.
Entonces las personas correctas se van de
tu vida, las oportunidades se opacan ante tu negatividad, los negocios se caen,
las deudas se incrementan, el afán de cada día te agobia, y luego te preguntas,
¿Por qué será?
Mas tu barrera, construida con ladrillos de
un pasado que ya no existe, sigue firme.
Pero la derribas con el conocimiento de la
verdad, con la energía de un futuro latente, y la extinción de un pasado inexistente.
Y en el mismo momento en que lo haces, la debilidad comienza a disolverse.
Porque cuando conoces tu dirección, las
distracciones mueren. El drama se desvanece. La duda se convierte en ruido. Y
la debilidad pierde su control. Así que tú eres quien decide.
¿A quién sirves? ¿Qué construyes? ¿Qué
proteges? ¿Qué no tolerarás ni un día más?
Reviewed by Wilbert Estrada
on
June 14, 2025
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